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7/9/11

Adiós, ultimovicio...

Durante este año, me he puesto muy flojo para encontrar música nueva. Siempre confié en ultimovicio para descargar algo exquisito. Pensé que se estaban poniendo ellos perezosos, pero más perezoso yo, que sólo veía si el Google Reader mostraba una actualización.

Ahora, que tengo más tiempo libre y mi hambre de algo nuevo, distinto y poco popular llena mis ganas, entro a ver qué onda con la página: está cerrada.
Lamento haberles perdido el rastro y sigo flojo como para buscar alguna guía nueva, así que sólo me queda el luto de un adiós no pronunciado, un buena suerte a los que por años acompañaron mis angustias y alguna vez cumplieron mis pedido.

Adiós, ultimovicio. Hasta que te reemplace, serás irreemplazable. :(

6/2/11

Mierdas.

Dudo que lo que esté haciendo sea lo correcto para mi sanidad mental.
Ayer dormí horrible.
Entonces llegan a mi imaginación todo lo que sucedió y siento asco, tanto asco que no puedo mantenerlo abrazado.
Tanta frustración y arrepentimiento...

Que poco a poco se van transformando en nada.

Y es lo peor de todo esto: La nada.

10/1/11

Ella viene.

Todo esto me hace cuestionar que, al fina, cuando me toque a mí morir, igual no va a haber tanta gente que me llore.
En cierto sentido, igual es como... mmh... latoso.

Pucha, H. llegó tu hora. Creo que te lloraré cuando llegue el momento. Muchas gracias por elegir pasar y gastar tu tiempo conmigo.
Gracias por los malos ratos que se convirtieron en buenos.
Gracias por esas conversaciones rándom que teníamos tomando once.

Quizás es re poco para un homenaje estas palabras y quizás de verdad en el fondo no tengo mucho más que decir y desear que te vayas dignamente a descansar. O es malagradecido hacerlo acá, donde seguramente nadie entenderá de quién hablo y el porqué de este escrito.

Alguien como tú merece mucho, mucho más que todo lo que pasamos.

En fin, H. Cuando sea tu hora, descansa en paz... y abraza a la nada.


8/6/07

Claridad

Se sentó frente a su escritorio y por primera vez, Se dio cuenta que tenía las ideas claras. Que sólo faltaba expresarlas, sólo faltaba alguien que le leyera y comprendiera todo lo que quería decir, y si no era todo, al menos parte de lo que estaba escribiendo.
Estaba cansado de regalar y recibir regalos que para él perdían importancia. Estaba cansado de perder el tiempo, pues sabía que por ahí estaba su sagrado arlequín. Aquel que sin saberlo se burlaba de su búsqueda, pero también le buscaba a él. Así, él y el arlequín, que aparecía en sus sueños sólo como una borrosa nube de esperanza y desesperación, estaban obligados a reunirse alguna vez. A sentirse, a darse cuenta que la búsqueda no había sido en vano y que la soledad de ambos a la cual estaban condenados, no significaba nada comparado con la compañía que se harían mutuamente.
Pero los sueños desaparecían y el muchacho volvía a la nada habitual, una máscara indolente la que ni siquiera sus cercanos podían quitarle. Sólo el escurridizo arlequín tenía la llave...
Lástima que no lo sabe. Lástima que el muchacho no sabe quién es...